La Torre de don Fadrique se abrirá este otoño tras catorce años cerrada

La Torre de don Fadrique

Las obras de reparación de La Torre de don Fadriquemonumento del siglo XIII arrancan hoy tras varios retrasos, a demora del proyecto incluso obligó a cancelar la antológica de Carmen Laffón.

Torre de Don Fadrique
La torre de don Fadrique, es una torre albarrana, que se encuentra en situada en el patio del convento de Santa Clara en Sevilla, dentro del área que circundaban las antiguas murallas de Sevilla, por tanto, intramuros

La Torre de don Fadrique lleva más de siete siglos resistiendo el embate del tiempo y es uno de los edificios de historia más singular de Sevilla. Sin embargo, hace catorce años que no se puede visitar por un complejo y lentísimo proceso de restauración que obligó a su cierre. Hoy comienzan por fin, tras múltiples retrasos, los trabajos de limpieza y restauración del edificio y su entorno.

Unas obras cuyo plazo de ejecución es de 45 días y con un presupuesto de 150.000 euros. Por lo tanto, si no se producen más demoras, por fin se podrá visitar la torre a finales de octubre o comienzos de noviembre. La torre, incluida dentro del complejo Santa Clara, ha estado inmersa en el largo proceso de restauración de este centro que se remonta en realidad al año 2005, cuando se iniciaron las obras de restauración del antiguo convento y que tras múltiples vicisitudes parece que se completarán este otoño.

Habría que recordar que el cierre de la torre y otras zonas conventuales pendientes de restauración obligaron incluso a cancelar la esperada exposición antológica sobre Carmen Laffón que se iba a celebrar en la primavera de este año.

El truncado proyecto no era una simple muestra sino que Laffón había convertido el espacio histórico en una pinacoteca íntima. La propuesta era una especie de diálogo con el espacio conventual integrando las obras en el paisaje arquitectónico. Así, se seguía un recorrido que incluía la zona de los jardines de don Fadrique, pero al estar cerrados por la restauración pendiente -y retrasada demasiado tiempo- impidió la realización de la muestra. Un consorcio de entidades financieras y el Ayuntamiento habían conseguido un préstamo de la Unión Europea para restaurar el convento, pero este préstamo conllevaba la obligación por parte del Ayuntamiento de cerrarlo a partir de febrero de 2014.

Ahora, el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, ha anunciado que conectando con los usos del Espacio Santa Clara, la Torre de don Fadrique y los jardines se dedicarán a actividades escénicas y musicales. La torre como espacio escénico ya sirvió hace años -antes de que comenzará la rehabilitación de todo el complejo- cuando se celebraron conciertos de flamenco o la compañía La Tarasca propuso un curioso montaje sobre la historia de la torre.

Porque es cierto que muchos sevillanos desconocen las particulares circunstancias de su construcción y su historia a lo largo de los siglos. Fue el infante don Fadrique, hijo de Fernando III el Santo, quien construye un palacio sobre terrenos de un antiguo palacio almohade cuyos restos reposan bajo las piedras conventuales. De aquello sólo quedan vagos vestigios hallados durante la profunda restauración de Santa Clara, y la Torre de don Fadrique como excepcional ejemplo del gótico civil más temprano en Sevilla. Y aún más: el edificio muestra la única ventana con arco románico -de medio punto- que existe en la ciudad, ya que las nuevas construcciones realizadas en la ciudad reconquistada se hicieron siguiendo el arte de moda, que era ya el gótico.

El infante don Fadrique fue ejecutado por su hermano Alfonso X el Sabio por conspiraciones por el poder. Sancho IV el Bravo, sobrino del infante, donó los terrenos del palacio a las monjas clarisas que lo ocuparon durante 700 años.

Axonometría de la torre de Don Fadrique.
Axonometría de la torre de Don Fadrique.Se trata de un edificio de planta cuadrada de 7,75 metros de lado donde se mezclan los estilos románico y gótico, que cuenta con tres cuerpos y azotea almenada bajo la cual, en los ángulos, sobresalen unas pequeñas gárgolas.

Habría que añadir la inevitable leyenda que siempre ha envuelto a la torre y que la relaciona con los supuestos amores entre el infante don Fadrique y su madastra Juana de Ponthieu, segunda esposa de Fernando III el Santo que la tomó al enviudar de Beatriz de Suabia. Doña Juana, que ya era viuda, y el infante don Fadrique acudían juntos a cazar y siempre se consideró que el edificio más que una torre albarrana era una alcoba disimulada, porque era extraña esta torre fortificada levantada intramuros y, por lo tanto, sin sentido defensivo.

La tradición también la llamó la Torre Encantada y se decía que allí guardaba sus tesoros el rey Fernando IV. Así continuó formando parte del jardín del convento de las clarisas hasta que la torre pasa a manos municipales y se convierte en sede del Museo Arqueológico a comienzos del siglo XX .

Durante muchos años, se exhibió el patrimonio municipal con la colección arqueológica. Algunas piezas fueron trasladadas hace meses para su conservación en el Garaje Laverán, espacio creado como depósito de bienes culturales dentro de proyecto Patrimonium Hispalense.

Los trabajos de limpieza y reestructuración incluyen los jardines, un lugar en el que se puede encontrar otro curioso legado del pasado. Se trata de la estatua de Fernando VII que ha permanecido junto a la torre olvidada a conciencia a causa de la memoria infausta del rey felón.

Estatua de Fernando VII en los jardines de la Torre de Don Fadrique.
Estatua de Fernando VII en los jardines de la Torre de Don Fadrique.

Esta estatua de bronce fue fundida en 1832 y la reina María Cristiana mandó transportarla a los jardines del palacio de Malmaison, que perteneció a Josefina Bonaparte, cerca de París y donde vivió su exilio. Luego fue enviada a España y llegó a Sevilla en 1861 quedando colocada en los jardines de San Telmo donde vivían los duques de Montpensier, don Antonio de Orleans y la infanta María Luisa, hija de Fernando VII.

Según relató Manuel Chaves Rey en Bocetos de una época, durante la Revolución de 1868 una multitud enfebrecida le lanzó barro e inmundicias. Y allí quedó olvidada. Por cierto, en estos jardines, junto a la alberca rodeada de setos de arrayán, hay un enorme laurel, quizás el más antiguo de Sevilla. Esperemos que las obras tengan cuidado con esta joya del patrimonio vegetal y no se repitan otros polémicos arboricidios.

 

Fuente: El mundo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.