Los nombres de Sevilla

Los muchos nombres de Sevilla.


Lugar bello, fértil y a orillas del Guadalquivir que fue llamado de numerosas formas.

La vieja ciudad de Sevilla, con milenios de Historia en sus calles tiene en su nombre un misterio, una forma de llamarla que podría darnos las claves del pasado y origen glorioso.

Saber de dónde surge el nombre no es sencillo aunque se cree que pudiera partir del terreno en el que se encontraban aquellos primeros asentamientos que darían origen a una gran urbe. Así tendríamos que viajar a su pasado legendario cuando en lo que hoy son sus calles y avenidas encontraríamos lo que era parte del Lago Ligustinos y que no era más que un terreno difícil, muy pantanoso, que enlazaba, directamente con el Guadalquivir, el río que daba la vida.

De Hispalis a Isbiliya Empieza la historia de la llegada de los musulmanes desde el principio.

Ese lugar, bello, fértil, con mucha vegetación, fue el elegido por aquellos primeros pobladores para fijar sus primitivas casas, a su orilla, en un lecho complicado en el que cualquier edificación, por simple que fuera, ponía a prueba el ingenio de la persona. Por tanto se construía como hoy se haría en lugares con el terreno en similares condiciones –en Vietnam, Tailandia, Malasia…- y que no sería más que clavando una serie de palos –o juncos muy fuertes- sobre el terreno formando el sustento donde se asentaría un suelo, una cuadrícula empalizada sobre la que el suelo se agarraría y sobre el cual se comenzaría a fijar las paredes de cañas y el techo.

Sería uno de nuestros santos, San Isidoro, el que daría las primeras pistas del nombre de la ciudad indicando que el mismo vendría del primer asentamiento construido en la ciudad. De esta forma Híspalis –la primitiva denominación- tendría su cuna en ello. Siglos más tarde sería el erudito Blanco Freijerio el que indicaría como durante las obras de construcción del cine Imperial se descubrió en el subsuelo muchos junco y palos apilados tal y como describían en la construcción de este tipo de chozas a orillas de aquella zona pantanosa y difícil.

Pero no es la única opción que encontramos al respecto pues también hay una corriente popular que piensa que el origen se encontraría en aquella expresión que es: «Sevilla la llana» y que «Pal» sería, precisamente, «llano» en fenicio. Todo esto vendría a decirnos que este asentamiento sería «ciudad llana», así hay otros casos como el de Palamós o Palafrugell en Cataluña (España).

Contra la corriente de opinión que piensa de esta forma tenemos los que se alinean con el pasado glorioso de Sevilla encarnado en los antiguos tartesios y que indican que, según las traducciones, «Spal», significaría «tierra baja» por estar a nivel del mar y junto al río. Así también pensaba el erudito Benito Arias Montano.

Con la llegada del Imperio Romano encontramos que Híspalis fue latinizado, no obstante Julio César quiso llamarla JULIA ROMULA HISPALIS.

Durante el periodo árabe la llamarían Isbilia o Ixbilia y de ahí Sevilla, aunque también fue llamada Servalabari o Hims, muy desconocido este último y que se daría cuando entre 742-743 llegan a Al-Andalus la tercera de emigrantes musulmanes. Los que venían de Siria se quedaron en la zona de Isbiliya y Labla (Niebla) y decidieron llamarla como la ciudad siria pero resultando Hims Al-Andalus.

Sería Romualdo de Gelo en su particular «Historia de Sevilla» le que dice: «La primera referencia escrita que tenemos del nombre de Sevilla la hace Julio César en su Bellus civile (La Guerra civil) y la cita Hispalis. Es posible que la cita más antigua sea en realidad la de Estrabón, pues seguramente la tomó de sus fuentes griegas habituales para la Turdetania, como Artemidoro o Asklepíades. En textos griegos de Ptolomeo y Dión Casio figura ISPALIS, mientras en otros de los latinos Cayo Plinio Segundo, Pomponio Mela y Silio Itálico, se cita HISPAL.

Que el nombre signifique ciudad construida sobre «estos palos» his palis es una aportación de san Isidoro en sus Etimologías (XV,1,71): Hispalis autem a situ cognominata est, eo quod in solo palustri suffixis in profundo palis locata sit, ne lubrico atque instabili fundamento cederet.  Y no hay que desecharlo, como expresa A.M.Canto, primero porque era hombre culto y «leído»; segundo, porque era sevillano; y tercero, porque en realidad se ha comprobado arqueológicamente, como la posición de la ciudad además sugiere, que realmente tenía zonas palafíticas. Yo siempre he preferido la explicación por «palus, -udis»: «laguna, terreno pantanoso», que es donde se ubicaba Hispalis. Y en realidad se ubica, como demuestra el Guadalquivir cada vez que le da la gana. Por muchas «cortas» que hagan «el agua busca su camino»… Y, después de todo, «palus, -i» y «palus, -udis» tienen una raíz común».

En la época visigoda, a través del vestigio de las monedas del reinado de Leovigildo, (568-586) el nombre es conocido como SPALIS, que se mantiene en el periodo del rey Recaredo, (586-601), y que es acuñado como ISPALI.

Sea como fuere hoy es Sevilla, la otrora «perla del Guadalquivir» o, como muchos prefieren llamarla: la hermana de Roma, la otra ciudad eterna.

Fuente: ABC de Sevilla

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