fortificaciones de Isbiliya

Fortificaciones de Isbiliya

Fortificaciones de Isbiliya

Las fortificaciones de Isbiliya debieron ser el paradigma de la fortificación en al-Andalus, la mayor parte de las obras se efectuaron desde 1156 hasta 1184 (desde que Abu Yaqub Yusuf fue gobernador hasta que murió como califa).

Durante el reinado de Abu Yusuf Yaqub -hijo del anterior- (1184-1198) se completan algunos proyectos y se inicia en Marrakech y en Rabat un nuevo programa de arquitectura militar monumental que tendrá una enorme influencia a partir del siglo XIII, tanto en al- Andalus (dinastía nazarí), como en el Magreb (dinastía meriní). Las características generales que habría que destacar son:

  • El material constructivo: que es el tapial. Ciertamente a lo largo de los casi 7.000 metros de muralla se observan calidades distintas tanto por la propia tierra (cuyo abastecimiento era a pie de obra), como por la proporción de cal usada (dependiendo de la mayor o menor proximidad al río). Los cajones de tapial tienen una altura media entre 0,80 y 0,85 m. y una longitud variable que alcanza como máximo los 2,50 m. El ladrillo se usa para las cubiertas y enmarcando los vanos (saeteras y puertas).
Torres Monumentales
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  • La tipología de la cerca. Las torres, en los lienzos que se conservan emergentes, se distribuyen a una distancia rítmica. Son en la mayor parte de los casos de planta cuadrada y sólo hay algunas excepciones que son: la Torre Blanca (octógono irregular), la Torre de Santo Tomás (hexagonal), la Torre de la Plata (octogonal) y la Torre del Oro (dodecagonal). Las cubiertas de las torres son a base de bóvedas de cañón, arista o vaídas. También en las torres de más de cuatro lados vemos soluciones semejantes a base de bóvedas de arista triangulares y arcos fajones (torre Blanca y torre del Oro). El otro elemento común son las “verdugadas” de ladrillo que recorren las torres a la altura de las almenas, del pavimento de la terraza y, en los casos más complejos enmarcando las saeteras.
  • Otra de las fortificaciones de Isbiliya, la muralla islámica pervivió como límite de la ciudad hasta pleno siglo XX. En el momento de la conquista cristiana, 1248, ya existían tres barrios extramuros que eran: Triana, la Macarena y Benialofar (aproximadamente San Bernardo). En los años 20 del siglo pasado apenas se habían sobrepasado estos límites,consolidándose la urbanización del espacio a partir de la ciudad en torno a la Exposición Iberoamericana del año 1929.

La muralla almohade fue adaptándose a los nuevos tiempos que le tocó vivir. Durante la Baja Edad Media no debieron ser necesarias grandes obras y lo que sí encontramos son reparaciones y adaptaciones a nuevas necesidades o gustos, este es el caso de: la torre de la Plata, el “arquillo de Mañara” en la segunda mitad del siglo XIII; también las obras de tiempo de Pedro I para la construcción del nuevo palacio (1364) y la transformación de algunas torres del Alcázar, como la torre del Agua.

También a la Baja Edad Media debe corresponder el forrado de ladrillo de algunas torres con el objetivo de consolidarlas. Un primer cambio decisivo se produjo en el siglo XVI, cuando muchas de las puertas de la fortificaciones de Isbiliya fueron alteradas, ampliándose los arcos o convirtiéndose puertas en recodo en acceso directo. Ejemplo de estos dos casos lo tenemos en el postigo” del Aceite y en la puerta de la Macarena. También el antemuro quedó absorbido o fue demolido, desapareciendo en buena parte de su recorrido en una fecha tan temprana.

La muralla a partir del siglo XVIII tenía sentido como protección frente a las riadas, aunque también en diferentes conflictos bélicos de la modernidad recuperó su antiguo papel como defensa militar.

Desde mediados del siglo XIX y en aras de la renovación, comenzaron a caer bajo la piqueta las puertas de la muralla algunos lienzos y muchos otros que quedaron embutidos entre el caserío. Desde los años 80 del siglo XX, la Gerencia Municipal de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla, desarrolla una destacable actuación para recuperar, consolidar y poner en valor todos aquellos lienzos embutidos en el caserío, al tiempo que restaurar aquellos otros que se encuentran exentos.

(Magdalena Valor Piechotta). Edades de Sevilla.

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