RELIGIÓN Y SEXUALIDAD

Religión y sexualidad aunque incompatibles siempre van de la mano. En la doctrina sufí el placer sexual tiene, entre otros aspectos positivos, el estimular el deseo de alcanzar el Paraíso, en donde el goce será eterno. Es un aspecto más de cómo la sexualidad puede guiar hacia Dios (73).

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Esta misma doctrina ve peligroso que un hombre se enamore tanto de una mujer que sólo la desee sexualmente a ella y llegue en su obsesión a olvidar el amor que debe a Dios o a cosas más altas. Por eso, además de para satisfacer su ardor sexual, se aconseja que el hombre tenga cuatro mujeres legales y varias concubinas y que si, se cansa de ellas, las cambie mediante el repudio. En general, los sufíes vieron en los ejemplos de amor apasionado entre un hombre y una mujer, que se incluyen en la poesía y la literatura, como el caso de Maŷnûn Layla, la destrucción física y anímica del hombre por esta causa (74).

La vida terrenal es un espejo invertido y reducido de los placeres del Paraíso. Cuando llegue a él, el creyente gozará de comida, bebida, árboles, frescor y mujeres. Es el lugar en el que los placeres sensuales no tienen fin y sólo allí se obtendrá la satisfacción sexual plena, entre otras cosas gracias a un enorme vigor físico del hombre. En medio de jardines beberán, comerán y disfrutarán de las bellísimas huríes de grandes ojos, siempre vírgenes, de recatado mirar, no tocadas hasta entonces por hombre ni genio (75) . Si quieren, también gozarán de sus esposas terrenales (76) . En cuanto a éstas, el Libro Sagrado las sitúa en igualdad absoluta con el hombre, pero no dice nada de sus necesidades sexuales, aparte de la alusión a que podrán tener relaciones con sus maridos, pero, en cualquier caso, parece que son ellos los que deciden. El papel de la mujer da idea de serenidad y estabilidad, es decir la esencia del Islam y de la sociedad islámica, como si no tuvieran las urgencias carnales de los hombres (77), pese a cuanto se ha escrito sobre el ardor sexual de la mujer.

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En tanto llega el momento de disfrutar de los goces eternos, los creyentes se deberán contentar con la práctica sexual cotidiana, en la que es oportuno que estén presentes ciertas normas de carácter religioso, consideradas muy recomendables. Una de ellas es que la pareja evite estar orientada hacia La Meca cuando Camilo Álvarez de Morales realiza el acto, como señal de respeto (78). Se aconsejará, también, el rezo de determinadas aleyas coránicas en el momento de la unión, por un doble motivo: para combatir la ya señalada presencia del demonio en las relaciones sexuales y como agradecimiento a Dios por el placer proporcionado en ese instante, considerando tal placer como precursor del que se espera disfrutar en el Paraíso.

Al-Bujârî (79) aconseja al hombre pronunciar la basmala en el momento del orgasmo, sobre todo en la unión con fin procreador, ya que por encima de la presencia del hombre y de la mujer está la voluntad de Dios de que se engendre un hijo. Por su parte, al-Gazâlî (80) señala que al comenzar el coito y al alcanzar el orgasmo se debe recitar interiormente la aleya 56 de la azora 25 (La distin-ción):

“Sólo te hemos enviado como albriciador y amonestador “.

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