Homosexualidad en al-Andalus

La homosexualidad en al-Andalus

Sobre la homosexualidad en al-Andalus además podemos añadir  que la práctica totalidad de los poemas en los que se ensalzaba el amor hacia los adolescentes se sitúa en las fiestas y reuniones en las que el vino corría libremente día y noche y que podían durar varios días o, incluso, semanas. Tal tipo de fiestas eran organizadas por la alta sociedad, en la que se incluían los coperos, que también eran hijos de familias destacadas.

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En medio de tanta condena se puede ver, como elemento positivo, que el erotismo de las cortes musulmanas y, en general, de la sociedad, favoreció el desarrollo de la canción, la música y la danza. También tuvo influjo en la arquitectura, con la proliferación de jardines, fuentes y pabellones, a imitación de los del Más Allá (138).

En muchos casos, la motivación de aquellas reuniones no era necesariamente festiva, sino que podía tratarse de tertulias literarias, a las que los andalusíes fueron aficionados. Eran fiestas o sesiones literarias a las que sólo acudían hombres, y, muy excepcionalmente, alguna mujer. Las que había allí eran esclavas dispuestas para servir vino, cantar o tocar música.

Como excepción, citan los textos a algunas poetisas, como era el caso de Ḥafṣa al-Rakûniyya, en Granada, o Wallâda, en Córdoba, con sus propias tertulias. Por el tipo de versos, en algunos casos de orientación lésbica, se puede sospechar que eran sólo mujeres las asistentes a sus reuniones (139).

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Del siglo XI, el de los reinos taifas, tenemos abundantes testimonios recogidos en la obra de Henri Pérès, El esplendor de al-Andalus. En los versos de este momento son muy frecuentes las alusiones a efebos musulmanes, cristianos y judíos (140), con los apelativos “hermoso muchacho” o “efebo imberbe”, casi siempre referidos a los coperos, lo que es indicio de que en las fiestas figuraban como elemento indispensable.

Sin embargo, la casi totalidad de estos poetas también cantaron a las bellezas de la mujer y describieron sus relaciones con ellas. Un personaje tan cercano como al-Muctamid es ejemplo de ello (141).

Cabría, entonces, hablar de bisexualidad más que de homosexualidad o de un tipo de sexualidad que realzaba la belleza sobre cualquier cosa, encarnada en este caso por el andrógino, aspecto que se ha destacado en recientes estudios (142) y que supone la atracción hacia un ser que puede representar a los dos sexos, lo que indica que el musulmán no excluía ninguno en el ámbito erótico. Y ello, a pesar de que la religión y la ley rechazarán tajantemente esta idea del ser asexuado o poco definido sexualmente, porque supondría atacar directamente uno de los pilares del Islam, el de la clara distinción de sexos.

¿Cómo pueden hacerse compatibles ambas ideas? Hay que pensar que el andalusí amaba y deseaba a la mujer por sí misma y porque le daba hijos, pero se sentía atraído, también, por el joven bello, especialmente el que le servía vino en el curso de las fiestas a las que eran tan aficionados. No debemos olvidar que en el Corán (143) se incluye esta dualidad efebo-mujer entre los placeres del Paraíso, aunque con el matiz de que la bebida que se usa no está prohibida y que el tratamiento del efebo está más cerca de una figura semiangélica, asexuada, que de un joven:

“[…] Los allegados a Dios en los jardines se ensueño […]. Entre ellos circularán garzones inmortales con cráteras, aguamaniles y vasos con bebidas refrescantes que no les amodorrarán ni les embriagarán. Tendrán […] mujeres de ojos rasgados, parecidos a la perla semioculta, en recompensa de lo que hayan hecho” (144).

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Volviendo al copero, hasta tal punto era importante esta figura que incluso cuando eran mujeres las que servían la bebida tendían a semejarse a los adolescentes, cortándose el cabello y vistiendo ropa masculina, dando lugar así a una ambigüedad sexual que, al parecer, les era muy grata, cuyos orígenes se encontraban en Oriente (145). Con ello se trasgredía la mencionada norma de la identidad de sexos (146).

El lesbianismo apenas se cita en las fuentes y cuando lo hace es en relación con la sodomía masculina (147). En algunos textos se ha vinculado con las clases sociales altas, y, dentro de ellas, como algo propio de las mujeres más cultas y refinadas (148). Aparte de lo señalado sobre las tertulias literarias de Wallâda o Ḥafṣa al-Rakûniyya, se pueden intuir ciertos detalles por los relatos literarios o lo que se adivina de la vida en los harenes, pero sin testimonios que lo avalen. Sólo sabemos que estaba penado, como la homosexualidad masculina, con la diferencia de que de ésta si hablaban los poetas y del otro no (149).

Massignon (150) señala que, según algunas tradiciones, los genios incitaban a las mujeres a tener relaciones entre sí con motivo de una boda o de un entierro. En los últimos años se ha dedicado una atención más específica, con algún título reciente que incorporar a este aspecto (151).

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Otro acto ilícito, la sodomía, se ligaba, de modo lógico, con la homosexualidad de manera general pero no exclusiva, ya que existen numerosos testimonios de relaciones sodomíticas entre hombres y mujeres, generalmente buscadas por el hombre pero con bastantes ejemplos en los que era la mujer la que las deseaba. La sodomía pura, sin el encanto que le podía prestar el amor con el efebo, fue atacada y ridiculizada por los poetas, además de ser castigada por la autoridad. No obstante, en Isbiliya, Córdoba y en las restantes grandes ciudades andaluzas no faltaban afeminados profesionales que ofrecían sus favores al mejor postor (152).

Como ejemplo de hasta qué extremo se podía llegar en el más absoluto puritanismo legal, tenemos la declaración de cAbd al-Malik ibn Ḥabîb que consideraba el uso de las lavativas como algo poco recomendable. Era un tipo de curación que había llegado a los árabes a través de los acŷâm, especialmente utilizado por la gente de Lot y que sólo se debía usar en caso de extrema necesidad. Importantes personajes, entre ellos Mâlik, las consideraban como cosa prohibida (153).

No olvidemos que a la gente de Lot se le cita en el Corán (154) como quienes se entregaron “a los hombres en concupiscencia prescindiendo de las mujeres” y que el término árabe lûṭî significa sodomita (155).

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