Sexualidad en al-Andalus (parte 1)

Sexualidad en al-Andalus

A lo largo del camino por el que vamos a marchar sobre la sexualidad en al-Andalus, iremos de la mano de la literatura, la filosofía, la religión, la medicina y el derecho. Cada una de ellas nos informará de aspectos concretos, y sobre todos ellos, el hombre y la mujer, actuando a veces de acuerdo con la ley y la religión, ignorándolas otras, dejando que sus impulsos o su amor prevalecieran sobre cualquier norma.

Cristianos en al-Andalus
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Sobre la sexualidad en al-Andalus y comenzando por la cita que corresponde al Talmud y su explícita alusión a la sexualidad del pueblo árabe, la mujer tiene un enorme protagonismo por su gran apetito sexual y por la prodigalidad con que disponía de él. Siguiendo un orden cronológico, historiadores como Ṭabarî (5) y otros, o relatos recogidos de la época, hablan cómo en la ŷâhiliyya las solteras se ofrecían a los hombres que llegaban con las caravanas y hasta aparecen casos de sociedades femeninas con carácter religioso, especie de sacerdotisas, que hacían culto del amor físico. Por supuesto, las mujeres solían ir ligeras de ropa y muy maquilladas. Asimismo, se habla de poliandria y de intercambio de mujeres y hermanas en el curso de fiestas o rituales. Era normal la prostitución y hasta ha llegado el nombre de alguna prostituta famosa, como el de Zulma. Se dice que solían instalarse en tiendas con una bandera roja, por lo que se les daba el nombre de “mujeres de bandera” (6).

En la ŷahiliyya se dio una especie de matrimonio temporal, por el que se permitía que los viajeros, los militares o quienes acababan de hacer la peregrinación, tuvieran antes de volver a su casa relaciones sexuales legales. Se trataba de pagar los servicios de una mujer durante un corto periodo, buscando, así, hacer más llevadera su soledad y su alejamiento familiar o, en otros casos, evitar las relaciones homosexuales de los soldados (7). El mismo Profeta lo consintió en los primeros momentos, aunque muy pronto fue abolido (8). No obstante, en siglos posteriores (X-XI) volverá a aparecer este tipo de matrimonio de conveniencia por el que un hombre que iba a estar algún tiempo fuera de su casa se unía con una mujer, con el propósito de repudiarla pasado el plazo establecido. Algunos juristas lo aceptaron siempre que el hombre no hiciera pública su intención, en tanto otros lo condenaron duramente, comparándolo con el alquiler similar al de la prostitución (9).

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Es probable que aquella conducta, magnificada por la poesía, ofreciera una imagen de la mujer, no sólo de costumbres muy libres sino, además, con apetito sexual desmesurado y, al mismo tiempo, llena de argucias y peligrosa en sumo grado, que se podía considerar como un elemento diabólico. Tan grande podía ser el deseo de la mujer que llegaba a hacer de ello el objetivo de su vida (10). En El jardín perfumado se dice que el órgano sexual del hombre está entre sus rodillas y su ombligo y el de la mujer entre su cabeza y la punta de los dedos de sus pies (11).

Su obsesión por el sexo, sin embargo, no la limitaba mentalmente, sino que hacía que su ingenio y su intelecto estuvieran muy desarrollados, de modo que pudieran luchar contra las normas establecidas, como aparece en repetidos ejemplos literarios (12). Algo que queda claro es que el deseo sexual y el placer son compartidos por el hombre y por la mujer, sin que se le atribuya a ésta un papel pasivo en las relaciones. Por el contrario, en numerosas ocasiones será la mujer la más activa y la que más buscará el contacto carnal, incluso el jurista granadino cAbd al-Malik Ibn Ḥabîb consideraba que la mujer andalusí tenía el deseo sexual más desarrollado que el hombre (13).

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La Sexualidad en al-Andalus
Conozca también las costumbres sexualidad en al-Andalus en esta sección de varios artículos sobre la manera de vivir y percibir la sexualidad en aquel entonces.

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